!Amando las tinieblas!

¡Amando las tinieblas!

Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo,  
y los hombres amaron más las tinieblas que la luz,  porque sus obras eran malas.
Juan 3.19

El  profesor de sociología decía : El hombre es malo y sus obras son malas y que por esto merece  ser condenado por Dios, El estudiante de filosofía y letras, refunfuño ante tal aseveración y dijo: Eso es inaceptable profesor,  que en este siglo, en plena posmodernidad aun se crea ese viejo cuento de hadas, del pecado, del cielo y del infierno, nuestro buen maestro y pensador  Jean-Jacques Rousseau dijo  acertadísimamente que --El hombre es bueno por naturaleza- A esto replico pacifica pero firmemente el profesor: En cuanto a que el hombre es bueno o no por naturaleza, querido hijo, es tan verificable que basta ponerle en inmejorables condiciones y  ante la tentación cederá tan rápido como una barra de chocolate se derrite por el fuego o una mole de acero lanzada dos metros al aire cederá a la gravedad para estrellarse contra el piso. Permítame ilústraselo de otra manera –prosiguió le docente- Tanto tiene de bueno el hombre como la oscuridad tiene de luz o las tinieblas del sol del medio día.
El peor enemigo del pecador es la ignorancia de su propia condición” MOCS.

Introducción.
Al estudiar la naturaleza y sus criaturas  Usted encontrará  que todas ellas fueron hechas por Dios a fin de mostrarnos su Gloria y misericordia y contarnos de alguna forma la condición en que se encuentra el hombre sin Cristo. Hay sin duda ciertos animales que podríamos llamar  diurnos ya que desarrollan sus más importantes roles durante el tiempo que el sol están brillando, lo mismo podemos decir de algunas  plantas  e insectos. De la misma manera los hay que solo pueden vivir activamente bajo sombra y oscuridad, tal es el caso de los murciélagos,  los búhos, cierta clase ratones, serpientes, depredadores y muchísimas especies de lo que comúnmente llamamos alimañas.

Esta última clase de criaturas solo puede ser vista en actividad cuando el sol se oculta o las luces artificiales son apagadas. Y por naturaleza se esconden cuando ya la luz natural del sol o las linternas, lámparas o cualquier tipo de luz se hacen presentes.

En las Escrituras la oscuridad en lo general tipifica, ausencia de luz, turbación, maldad, engaño, ceguera, ignorancia de Dios y de sí mismo, caos y muerte. La luz por el contrario Bondad, paz, verdad, vista clara, conocimiento de Dios, santidad, vida eterna.

Martin Lutero el gran reformador dijo que EL hombre ignora su condición y naturaleza hasta que conoce a Dios, su Santidad sus perfecciones. Pero en el hombre viene a cumplirse aquel adagio popular que no hay peor ciego que el que no quiere ver.

De acuerdo a nuestro texto bíblico elegido veremos qué:


1. Dios es Luz, Cristo es Dios y por tanto es la luz.
Juan  1:1-4  En el principio era el Verbo,  y el Verbo era con Dios,  y el Verbo era Dios. Este era en el principio con Dios.3  Todas las cosas por él fueron hechas,  y sin él nada de lo que ha sido hecho,  fue hecho.4  En él estaba la vida,  y la vida era la luz de los hombres.


Cristo, aquí llamado el Verbo, era con Dios, la segunda persona de la divina trinidad, Siendo tan divino como su Padre Celestial, fue el medio (La Palabra) por el cual Dios creó todas las cosas, El, Cristo fue imprescindible para crearlo todo; Eso lo incluye a Usted y el aire que respira así como el no solo corazón sino el palpito del  mismo. Usted vive, en términos biológicos, por que El vive.


Esa vida  que a Usted le parece tan natural, o propia de la “evolución” tiene su razón de ser en Cristo mismo. Y tal como lo dice al final del versículo cuatro, esta vida humana no solo es material sino sin duda espiritual. Adán y Eva Vivían espiritualmente antes de pecar. Pero junto con el pecado llego la muerte y no solo física sino ante todo espiritual:

Romanos  5:12  Por tanto,  como el pecado entró en el mundo por un hombre,  y por el pecado la muerte,  así la muerte pasó a todos los hombres,  por cuanto todos pecaron.

2. Cristo, la Luz vino al mundo.
Juan 1:9-11  Aquella luz verdadera,  que alumbra a todo hombre,  venía a este mundo.10  En el mundo estaba,  y el mundo por él fue hecho;  pero el mundo no le conoció.11  A lo suyo vino,  y los suyos no le recibieron.


El Mundo, la humanidad, viviendo en la oscuridad de maldad y pecado, ciego y sordo, ni quiso ver, ni oír a Cristo, quien vino con propósitos Salvadores. Su propio pueblo Judío le rechazo a pesar que todas las Escrituras del Antiguo Testamento advertían de su venida mesiánica, es decir redentora (Para morir en favor de muchos pecadores).  Cuando dice que  no le recibieron, es un eufemismo para decir que no solo no le recibieron, sino que le rechazaron, le blasfemaron, le escupieron y literalmente le mataron. Quisieron tapar del sol con un dedo. Qué ironía,  las tinieblas pretendiendo apagar la luz.

Juan 1:5  La luz en las tinieblas resplandece,  y las tinieblas no prevalecieron contra ella.

A pesar de su rechazo, la Luz siempre prevalece sobre las tinieblas. Es decir que cuando  el sol resplandece las tinieblas tienen obligatoriamente que huir. Lo que nos enseña este pasaje es muy sencillo. El pecado, la maldad, la muerte son la naturaleza de esta humanidad perdida, y Cristo, la Luz, vino a devolver la vista a los ciegos, a destruir las tinieblas del pecado, el mundo, Satanás, estas tinieblas fueron por El, Cristo, destruidas.
Con todo, todos los impíos, los pecadores, condenados justamente por su maldad, rechazan al Salvador. El profeta Isaías, nos dice que a pesar del rechazo generalizado, EL, Cristo, y su plan de Salvación  no puede ser frustrado.

Isaías 42:7  para que abras los ojos de los ciegos,  para que saques de la cárcel a los presos,  y de casas de prisión a los que moran en tinieblas.

El vino para dar vista a los ciegos, y no es una referencia al tema físico, sino a su condición espiritual. Aquí la oscuridad es comparada con una prisión. Es la prisión de pecado, de maldad, de hiel y amargura.  Sin duda, si Usted no tiene a Cristo, está preso en su propia oscuridad y su eternidad serán sin duda prisiones eternas.


3. ¡Amando las tinieblas!
Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo,  y los hombres amaron más las tinieblas que la luz,  porque sus obras eran malas. Juan 3.19


Tal como dijo el noble profesor de nuestra ilustración introductoria, El hombre es malo y sus obras son malas y que por esto es merece  ser condenado por Dios, con todo Dios envió a su divino Hijo para morir en la cruz, para salvar aquellos que en verdad lo aman. Es decir que reconocen su condición pecadora, y con FE y ARREPENTIDOS corren a Él para que le perdone y libre de la condenación Eterna.  Con todo, muchos no quieren a Cristo, porque no solo pecan sino que aman pecar, aman la condición de oscuridad en la viven, y por eso odian el Evangelio.


¿Sera por esto que Usted, huye, rechaza, repudia el Evangelio, vivir para Cristo, aceptar con fe y arrepentimiento al Bendito Salvador JESUCRISTO?
Cristo ya vino a la cruz, murió y resucitó, y le está ofreciendo a Usted Vida Eterna, El punto a resolver por su corazón es cuanto ama su maldad. No puede amar a Cristo y abrazar su maldad (su adulterio, su incredulidad, su idolatría, etc.) O ama a Cristo o ama sus obras que son malas, de esto depende su Salvación.


Isaías 5:20   ¡Ay de los que a lo malo dicen bueno,  y a lo bueno malo;  que hacen de la luz tinieblas,  y de las tinieblas luz;  que ponen lo amargo por dulce,  y lo dulce por amargo!


Por último, una de las características de quienes rechazan a Cristo es calificar lo que hacen como bueno, justo, verdadero, apropiado y dan a sus conciencias palmaditas a fin de apaciguarla. Hacen de la verdad de Cristo, una mentira, diciendo que esto no es verdad, que es falso. Y tratan de sobrellevar la amargura de su corazón, propia de los inicuos, con traguitos de “dulce maldad”. Estos sin duda por su actitud ya están condenados.



Que Dios premie vuestro esfuerzo queridos hermanos regalándoos muchas almas para su Reino. Gracias por predicar el EVANGELIO DE NUESTRO GLORIOSO SALVADOR Y REY.


Vuestro siervo,
                                           Manuel Cendales S.


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