Procuremos esa Unidad


“Procuremos esa Unidad”
Juan 17.21


 20Mas no ruego solamente por éstos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos, 21para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste.

Al leer este pasaje de la Biblia no podemos menos que abrumarnos ante tan Gloriosa oración de nuestro Señor y Salvador. En ella es evidente el clamor de nuestro eterno sacerdote por el tema de la UNIDAD de La IGLESIA.
Por un lado las Facciones no han de ser propias del cuerpo de Cristo (su Iglesia) por cuanto Cristo mismo no está dividido:

1a Corintios 1.10-13
Os ruego, pues, hermanos, por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que habléis todos una misma cosa, y que no haya entre vosotros divisiones, sino que estéis perfectamente unidos en una misma mente y en un mismo parecer. Porque he sido informado acerca de vosotros, hermanos míos, por los de Cloé, que hay entre vosotros contiendas. Quiero decir, que cada uno de vosotros dice: Yo soy de Pablo; y yo de Apolos; y yo de Cefas; y yo de Cristo. 13¿Acaso está dividido Cristo?

En segundo lugar la Iglesia no es solo en un sentido individual y privado la “Sal de la Tierra” [1] y la “Luz del mundo”[2] sino enfáticamente con un cuerpo, como un todo.
Juan 17.21
20Mas no ruego solamente por éstos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos,
De todos los tiempos y no solo en la era presente. La Iglesia es en este sentido universal, supra temporal y supra cultural.

1. La Unidad no es organizacional Externa

A manera de reflexión para hoy me pareció necesario y apropiado esbozar, aunque someramente “La unidad de la Iglesia de Cristo” con el fin de darle el enfoque apropiado. Pues sino definimos que es Unidad según La Escritura, ¿cómo andar VIVIENDO LA UNIDAD?

Para muchos, la Unidad Cristiana es algo inalcanzable en razón a que lo ven como algo meramente visible y posible solo alrededor de agrupaciones, asociaciones y/o denominaciones lo cual es absolutamente incorrecto pues no es así como la muestra la Escritura. Procurar la Unidad bajo esta perspectiva no solo es propio de una doctrina del error sino una tarea totalmente estéril. Ya que la naturaleza o el carácter de la verdadera unidad no es algo que debamos lograr, dado que tal unidad es primera y esencialmente espiritual y ya existe:
Juan 17.22-23
La gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno. Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado.

Tal gloria, incluye la unidad de la iglesia y esta unidad no es algo debemos producir, está presente y enlaza a todos los verdaderos creyentes en absoluto.
Juan 14. 20
En aquel día vosotros conoceréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí, y yo en
vosotros…
Es unidad en la Divinidad. Padre, Hijo y Espíritu Santo. En palabras del Dr. Martyn Lloyd Jones haciendo referencia a este último pasaje Bíblico:
“Nuestro Señor trata aquí de la unión mística que existe entre las Personas de la Trinidad. Nos encontramos ante el más grande misterio de la fe cristiana. Y, sin embargo, este es el texto, estos son los versículos que se citan en muchos círculos como si su sentido obvio, natural y simple, fuera únicamente este: Que Jesús ora por una unidad organizacional externa[3] No, absolutamente no; Tal unidad no solo es esencialmente espiritual, mística sino además incluye a todo aquel que es “participante de la Naturaleza divina” No es entonces, como bien lo dijo el Dr. Martyn, cosa de mera amistad, o compañerismo, es algo más profundo que eso.

2. La Unidad no es ajena a la doctrina

Ahora bien, con la anterior premisa, muchos piensan, por otro lado, que tal comunión ha de tenerse, sin tener en cuenta nuestro punto de vista doctrinal fuere cual fuere. Lo importante para estos es la fraternidad, que trabajemos juntos que la unidad algún día vendrá. Pero no es lo que afirma la Escritura leamos Efesios
Efesios 4.1, 3-5
1Yo pues, preso en el Señor, os ruego que andéis como es digno de la vocación con que fuisteis llamados…

...solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz; un cuerpo, y un Espíritu, como fuisteis también llamados en una misma esperanza de vuestra vocación; un Señor, una fe, un bautismo, 6un Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos, y por todos, y en todos.

Notemos la poderosa y tierna matización que El Espíritu Santo imprime, por la “pluma” de Pablo, en este pasaje respecto de lo debemos o no creer. Tal unidad no empieza con comunión y termina con doctrina; sino que de acuerdo al verso 1 (uno) la doctrina es la base a partir de la cual nace esa unidad. Fue por la predicación del genuino Evangelio y andando conforme a la vocación de tal llamamiento. Delineada ésta (la vocación) por las doctrinas mismas y entonces sí, estar solícitos, prestos, diligentes en guardar la Unidad, no de alcanzarla puesto Cristo mismo la otorgó para su Iglesia; de la cual El es cabeza.
Acrisolando[4] la idea introductoria de hoy. La unidad de la Iglesia es un hecho ya dado, y cuya consumación es a partir de la doctrina misma del Evangelio. Bajo tal perspectiva a la unidad no se llega sino se nace en ella.

Efesios 1.4-6
“…según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él, en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad,”
Y solo por la Gracia y el puro afecto de la voluntad de Aquel que nos amó con Amor Eterno. Pero regresando al tema de la doctrina, leamos lo que Cristo mismo expresa a través de su apóstol Juan:
Juan 14. 21
....El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él.
Notemos en este verso que la unidad está relacionada directamente con guardar la Palabra. Por implicación: vivir la doctrina. Ciertamente Pablo en su carta a los Romanos, disertando alrededor de “la comida” nos enseña que la medida de iluminación es diferente en cada creyente y que algunos aun son “débiles en la fe” [5] lo cual no implica tener diferente doctrina (hay una sola doctrina) sino más bien una escasa, pobre o corta comprensión de la misma. De ahí que regresando a la Carta a los Efesios el apóstol nos declara el porqué de los “dones ministeriales”[6] dados a la Iglesia, de cuál es su finalidad:

Efesios 4.12-14
“…a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, 13hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo; 14para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error,”
 
Por favor no caigamos en el error que se dio durante una “bienintencionada” campaña de Evangelización en Londres en la que apareció un artículo “Hagamos una tregua teológica durante la campaña” o como alguien dijo “Por lo menos en la evangelización todos seamos ecuménicos” sin duda connotando que la doctrina nada tiene que ver con la Unidad de la Iglesia. En lenguaje coloquial colombiano ¡Tomémonos un tinto, seamos amigos! No es lo que Pablo le está diciendo a los Efesios ¿verdad?
Por el contrario la Unidad ya es, y hemos de contender por mantenerla teniendo un corazón enseñable, siempre en reforma, y procurando llegar por medio de la Oración, la meditación Bíblica y la práctica de la piedad prontamente a la estatura requerida para retener y defender tal Unidad. So pena de ser creyentes fluctuantes[7] proclives peligrosamente a la Apostasía.

3. Promover la Unidad

Habiendo tocado el asunto de la verdadera Unidad de la Iglesia, que es la Unidad según Dios; pasemos al tema de fraternizar que en sencillas palabras se define en “tratarnos como hermanos”, “amarnos los unos a los otros”, Coadyuvarnos[8], “cooperar en la extensión del Reino, como uno solo que somos, promoviendo siempre la Unidad. Y nadie mejor que El Príncipe de la Predicación para puntualizar este tema:



La mejor manera de promover la unidad es promover la verdad. De nada nos servirá estar todos unidos juntos, rindiéndonos a los errores de uno y de otro. Debemos amarnos el uno al otro en Cristo, pero no deberíamos estar unidos a tal grado que no podamos ver las faltas del uno o del otro, y especialmente no poder ver las nuestras propias. ¡No!, purguemos la casa de Dios y entonces los tiempos grandiosos y benditos amanecerán sobre nosotros.
                                                                                                          
   C.H. SPURGEON


Esta es la verdadera unidad que debemos procurar; cualquier otro tipo no está motivado por una fe que proviene de limpio corazón; será un intento estéril y redundará en latifundios espirituales y pequeños reinos que desmiembran el cuerpo de Cristo que es su Iglesia.
Pr. Manuel Cendales S.
palabraprofetica@hotmail.com



[1] Mateo 5.13
[2] Mateo 5.14
[3] Sugiero la lectura del pequeño libro de Martyn Lloyd Jones Unidad Cristiana. ¿Cuál es su Base verdadera?
Pág. 15. Ediciones Hebrón.
[4] Acrisolar 3. Aclarar o apurar algo por medio de testimonios o pruebas, como la verdad, la virtud, etc. Diccionario DRAE.
[5] Romanos 14.13-23
[6] Apóstoles, Profetas, evangelistas, Pastores y Maestros.
[7] fluctuar. Dicho de un cuerpo: Vacilar sobre las aguas por el movimiento agitado de ellas. || 2. Dicho de una cosa: Correr el riesgo de perderse y arruinarse. || 3. Vacilar o dudar en la resolución de algo. || 4. oscilar (ǁ crecer y disminuir alternativamente). Diccionario DRAE.
[8] Coadyuvar: Contribuir, asistir o ayudar a la consecución de algo. Diccionario DRAE.