Salmo 27.4 “Una cosa he demandado a Jehová, ésta buscaré; Que esté yo en la casa de Jehová todos los días de mi vida, Para contemplar la hermosura de Jehová, y para inquirir en su templo”


Pastor Manuel Cendales S.

 “Una cosa he demandado a Jehová, ésta buscaré; Que esté yo en la casa de Jehová todos los días de mi vida,
Para contemplar la hermosura de Jehová, y para inquirir en su templo”
Salmo 27.4


Mientras meditaba en el Salmo 27, en la valentía de David y la certidumbre de su Fe, de su total confianza en Dios, el versículo cuatro (4) brilló ante mis ojos; la pasión (deseo desbordado) de David, era estar en la casa de su Dios (EL único), con todo como buen creyente, su seguridad no está en el Templo del señor, sino en el Señor del templo. Un único y buen deseo, nutrió la vida del Rey más grande de Israel, un pecador perdonado y embestido de la gracia del buen y bienhechor Dios; permanecer por siempre en su presencia.
Nuestra humanidad, imagen viva (no muerta) de Dios nos revela que somos personas porque Dios es persona, somos inteligentes porque Él lo es, tenemos afectos o deseos por cuanto Él desea; y tales afectos tienen la potencia de mover nuestra voluntad. El apóstol Pablo en su teología, nos pone a considerar que si bien somos imagen de Dios, por causa del pecado, nuestros deseos pueden ser contaminados por la impiedad que aún persiste en nuestras vidas, a lo que en su carta a los Romanos llama “deseos de la carne” (13:14) ¿Son todos los deseos viciados en si mismos? ¿Podemos experimentar afectos y deseos intensos buenos? Pues, esto es lo que parece indicar ésta porción de los Salmos; los deseos son peticiones del alma y David tiene una demanda que vigoriza todo su ser en gloriosa adoración: Estar en comunión con Dios siempre.

Apropiadamente, la religión para David es un medio para satisfacer el mayor deseo al que un alma pueda aspirar; intimar con Dios; tal deseo es motor y fuente de todas sus demás aspiraciones; el orar, leer la biblia, congregarse, obedecer a la voluntad preceptiva divina son solo medios para alcanzar la meta suprema; llegarse a Él, unirse en un solo Espíritu a Él. Deleitarse en su gloriosa, santa, justa,
amorosa y eterna persona. No es David un hombre de muchas alternativas, tampoco difícil de satisfacer en términos terrenos, es más bien sencillo, pues su gloria es disfrutar de su Creador, Salvador y Protector; dice el rey (el cantor de amores) en otra parte:

Salmo 42:
1Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, Así clama por ti, oh Dios, el alma mía. 2Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo; ¿Cuándo vendré, y me presentaré delante de Dios?

El verdadero escogido, ha de saber que aun la Redención con todo su esplendor y Gloria en Cristo, es un medio para relacionarse con su Salvador, para disfrutar de su amistad y ternura. Nadie como David sabe que el pecado rompe, derrumba tal íntima relación, y es por ello que al arrepentirse de su pecado, no dice; he pecado contra la ley, los hombres o el templo, sino; “...Contra ti, solo contra ti he pecado...” Contra la persona que más ama, necesita y disfruta ¡DIOS MISMO!; No pide en su arrepentimiento que no le sean quitados el reinado, su hijo, o cualquier otra cosa, él grita:

Salmo 51:
11No me eches de delante de ti, Y no quites de mí tu santo Espíritu.

Es su única y mayor preocupación, ha interrumpido la dulce comunión con “El que me ama” (Cantares); David es hombre de un solo libro; La Biblia, y de un solo pensamiento y deseo; el Dios de la Biblia.
En “El Tesoro de David”, comentario a los Salmos, Charles Spurgeon (el príncipe de la predicación) dice:

“El hombre de un libro es eminente; el hombre que tiene un solo ideal triunfa. Que todos nuestros afectos se reúnan en el haz de un afecto, y que éste se centre en las cosas celestiales...
...lo que no podemos conseguir al instante está bien que lo deseemos. Dios nos juzga, en gran parte, por los deseos de nuestro corazón. El que cabalga en un caballo cojo, no es culpado por su amo por su lentitud, si él va tan de prisa como puede; Dios acepta la voluntad por los actos con respecto a sus hijos. “

Terminemos citando a John Stoughton quien dice: “entiendo, de modo general, que David se refiere a la comunión del hombre con Dios, y que si un cristiano la tiene, no desea nada más”.

Pastor Manuel Cendales S.
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