¡Por qué la Cruz?



¿Por qué la cruz?
La cruz socava nuestros intentos de auto justificación
                                                                                           Jhon Stott[1]

Creo que una de las preguntas más constantes hechas tanto por incrédulos como bienintencionados creyentes es esta ¿Por qué tuvo que morir Cristo en la cruz? ¿No había podido, Dios en su sabiduría y poder, perdonar a su pueblo y ya?

Podría traer a colación varias de las muchas razones siendo la primera de ellas porque Dios lo planeo así. O porque Dios no puede ni quiere frustrar su justicia y fue en la cruz de Hijo en la que las exigencias de esta se vieron satisfechas. También argüir que fue, es y será el único medio propiciado[2] de su Santa ira.
Quizás las que más resplandecen y en palabras de Jhon Piper:


 En la muerte de Jesús los dos temas los dos temas, el amor de Dios por su Gloria y el amor de Dios por los pecadores, son solucionados[3]

Sin embargo, en esta ocasión, quisiera referirme a la medula del pecado humano; el orgullo y nuestra auto justificación.Fui invitado hace algunos años al congreso anual de una de las denominaciones en mi país, y uno de los pastores me sugirió que tocara un tema que “humillará” a los asistentes, pues en su opinión estaban atravesando un periodo de división por el orgullo de sus ministros; en la preocupación de hallar el tema apropiado me tope providencialmente con un texto en el libro de Job que me inquietó en gran manera:

Job 32.1
Cesaron estos tres varones de responder a Job, por cuanto él era justo a sus propios ojos.

Ciertamente los amigos de Job desconocían la batalla celestial entre Dios y Satanás, de ahí que sus intervenciones sean erróneas, pero no en este punto, Job (nuestro héroe de la fé) “no está sufriendo necesariamente por algo que haya hecho en el pasado, sino para sacar a luz el pecado latente, oculto en su corazón”[4] EL orgullo, la auto justificación; en pocas palabras él, Job, se consideraba en alguna medida bueno. Muchos al leer el capitulo 1. 22 “en todo esto no peco Job ni atributó a Dios despropósito alguno” dan por descontado que el “justo (de justificado) Job” nunca pecó, algo así como lo que los Marianistas[5] atribuyen a “María purísima”. Sin embargo Eliu, el más entendido de sus amigos, aunque airadamente, le dice textualmente que Job que:

Job 32.2b
…se justificaba así mismo más que a Dios

Es decir Job mostraba una “exuberante” confianza en su propia justicia. Meritos, buenas obras, el decía que era un hombre que no miraba a las chicas para codiciarlas, no andaba en mentiras, , fue justo en cuanto a los negocios, nunca esquilmo a su sirvientes, había sido compasivo y generoso con las viudas y huérfanos, con los pobres, no había puesto su confianza en las riquezas etc. [6] ¿Sorprendente verdad? ¡Cuánto orgullo, auto justificación puede esconderse detrás de un hombre piadoso!




Volvamos a la cruz; mensaje central del Antiguo Testamento, del Viejo Pacto, y bajo EL Nuevo,soberanamente impuesto por Jesús, mediante la ordenanza de la santa cena a su Iglesia, la compuesta por “justificados” , como recordatorio. Sin duda a fin de que no olvidemos de donde nos sacó el Señor. Pedro dice que los “indoctos e inconstantes tuercen la Escritura para su propia perdición”[7] Cuanto cristiano nominal engañado por el paupérrimo sermón heterodoxo ,guiado por doctrinas de hombres.se engaña en lo que a su práctica religiosa se refiere, pues la CRUZ DE CRISTO es ignorada, no está presente, a estos Pablo dice:

Colosenses 2.23
Tales cosas tienen a la verdad cierta reputación de sabiduría en culto voluntario, en humildad y en duro trato del cuerpo; pero no tienen valor alguno contra los apetitos de la carne

Pero también podemos engañarnos al creer que por ser tan aplicados en el estudio del verdad, las doctrinas de la gracia, tan asimilados a la “Reforma” y tan fervientes en la defensa de nuestro Calvinismo ya hemos llegado a la estatura de Pablo, San Agustín, Lutero, Bunyan, o cualquier de “Los hombres de Princeton[8] (ojalá llegásemos) y ser inoculados desde el remanente inicuo de nuestro corazón con una dosis de maldita confianza en nuestra propia justicia. A esto Charles Spurgeon, hablando de la predicación y por implicación de la vida piadosa, exclama:

No es que la erudición sea un estorbo en la predicación; al contrario: la erudición es esencial para la predicación, pero no la clase de erudición necesaria para los diplomas universitarios. “ Hay una erudición que es esencial para un ministerio eficiente, a saber, la erudición de toda la Biblia; conocer a Dios por la oración y la experiencia de su misericordia[9]

¿Por qué la Cruz? No hay duda que para recordarnos constantemente que Cristo murió por nuestra culpa, pago por nuestros pecados. Toda la Biblia, por la centralidad que en ella contiene de la CRUZ DE CRISTO, fue escrita para humillarnos; única condición en la que podemos recibir de la Misericordia del Dios Santísimo. Para que jamás confiemos en nada ni nadie que no sea EL BENDITO SALVADOR y su CRUZ.

Pastor Manuel Cendales S.
palabraprofetica@hotmail.com


[1] La cruz de Cristo. Ediciones Certeza. Pág. 17
[2] propiciar. Ablandar, aplacar la ira de alguien, haciéndole favorable, benigno y propicio. Diccionario DRAE.
[3] Los deleites de Dios. Libros Compartir.Pág.253
[4 ]Derek Thomas “cuando arrecia la tormenta” Editorial Peregrino. Pág. 84
[5] Adoradores de María, madre de Jesús. Culto herético.
[6] Job 32.
[7] 2ª Pedro 3.16
[8] Léase “Los hombres de Princeton de Alfonso Ropero”. Editorial Peregrino.
[9 ]Un Ministerio Ideal. 2 El Pastor y su Persona. El estandarte de la verdad.