¿Deberíamos alegrarnos por la muerte del Mono Jojoy?

Pastor Manuel Cendales S

¿Deberíamos alegrarnos 
por la muerte del Mono Jojoy?
(Que dice la Escritura)

Texto Referencia: Ezequiel 18.23
¿Quiero yo la muerte del impío? dice Jehová el Señor. 
¿No vivirá, si se apartare de sus caminos?



Quisiera iniciar la presente reflexión puntualizando que en ninguna forma queremos de una manera sensacionalista aprovechar el dolor y muerte ni de este, ni de ningún ser humano para hacer apología de algún ideal grupista político, filosófico, o de cualquier otra índole. Queremos hallar una respuesta bíblica a tan execrable pregunta – ya que todo hombre es la imagen de Dios aunque pervertida por el pecado- Ahora bien, no negamos lo que la Escritura afirma y ha sido el argumento de algunos “creyentes” y motivo de celebración:


Cuando muere el hombre impío, perece su esperanza;
Y la expectación de los malos perecerá. Proverbios 11.7


En el bien de los justos la ciudad se alegra;
Más cuando los impíos perecen hay fiesta. Proverbios 10.10

No hay duda que tales aseveraciones bíblicas no son incompatibles al carácter de Dios, más bien son “dichos” del sabio que quieren contrastar entre lo justo e injusto según la moral de Dios y las consecuencias inevitables que acarrea sobre sí el impío por su impiedad.

Más con todo lo anterior de ninguna manera podemos decir que Dios se alegra, o complace o deleita con la muerte del impío. Si bien cada impío se pierde, “cada uno morirá por su pecado”[1] El llamado de Dios es que todos los hombres (varones y hembras) “vengan al arrepentimiento”[2] y es aquí donde radica la diferencia entre justo e impío; el primero ha respondido positivamente a tal llamado y el segundo como Faraón ha “endurecido su corazón”[3]

En primer lugar, es probable que algunos de vosotros digan que cuando el impío se pierde es “satisfecha la justicia de Dios y apaciguada su ira” y aunque no hay duda que esto es cierto, ya que su carácter es tres veces Santo y Justo, esto no contradice Juan 3.16

Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él. El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios.


De tal manera Amó Dios, es una expresión de carácter Eterno y Glorioso. Pretender que hay algún deleite en el Espíritu Divino de alegría por la pérdida de una creatura de tal envergadura como el ser humano es no conocer a Dios apropiadamente. Es atribuir a Él gusto en el mal de otros y despojarlo de su benevolencia. Su propio Hijo oró por sus asesinos “Padre perdónalos porque no saben lo que hacen”[4] Y no hay duda que algunos dijeron “verdaderamente este es el Hijo de Dios”[5] Y otros no lo creyeron siendo condenados por su incredulidad justamente de acuerdo al pasaje bíblico anteriormente mencionado.



En segundo lugar es probable que otros digan “Él hizo vasos de honra y vasos de deshonra para mostrar en los primeros su misericordia y en los últimos su justa ira”. Sin embargo Juan nos dice en su Evangelio que Cristo vino para que “el mundo sea salvo por EL” y la condicionalidad de su Gracia, gratuita pero condicional, radica en creer o no creer. No radica en ser bueno o malo pues “No hay uno bueno”[6] Ni haber cometido este “pecadito” o esos “pecadotes” sino en nuestra naturaleza caída “por cuanto todos pecamos y estamos destituidos de la Gloria de Dios” [7] aunque sin duda el castigo Eterno será proporcional a la maldad del condenado.

Diles: Vivo yo, dice Jehová el Señor, que no quiero la muerte del impío,
sino que sevuelva el impío de su camino, y que viva. Ezequiel 33.11ª.

Dios no envió a su Hijo para condenar, pues por su pecado, en ese sentido, el mundo ya estaba condenado [8] ya estaba perdido y el vino a salvar lo que ya se había echado a perder. El deseo de Dios es que crean y se arrepientan para que vivan. El deseo de Dios es vida y no muerte, el es Dios de vivos. La muerte fué, es y será la consecuencia del pecado y no a la inversa. Todo el que muere por su pecado muere, y el que quiere vivir ha de “buscar al Señor en tanto pueda ser hallado”

Pero así dice Jehová a la casa de Israel:
Buscadme, y viviréis; Amos 5.4.

Ni siquiera los creyentes, a no ser Cristo vuelva hoy, estamos exentos de la muerte física consecuencia del pecado. El agravante del impío, claro está, es que cuando muere esta muerto dos veces, no solo su alma ha sido condenada y va al infierno sino que el día del Juicio Final, en cuerpo y alma irá al “lago de Fuego que arde” [9] esto es la segunda muerte. Muerte eterna.



Una tercera probabilidad es que se diga en forma de pregunta ¿Si no quiere Dios que
mueran, por que mueren? Bien hay deseos de Dios que no contradicen para nada su
voluntad ni su naturaleza la cual por cierto es omnipotente. Dios dio al hombre como parte de su imagen intelecto, afectos y voluntad y le hizo moralmente responsable de sus actos.

Le reveló su naturaleza santa y la obligación que como creaturas tienen; obedecer a Dios en todo si quieren vivir, por supuesto el hombre falló, y Dios queriéndole dar una segunda oportunidad a la humanidad envía a su Hijo a redimir los pecados de los creyentes y dejar en justa condenación a los incrédulos. El tema no es hacer para creer, el tema es creer, El Evangelio no vino para decirnos que hacer sino en quien creer y confiar.

Para ilustrar este pensamiento permítame citar a Martyn Lloyd-Jones:

“Hay dos tipos de Historia. Está la Historia que Dios permite, y está la historia que Dios produce. Está la Historia de lo que el hombre hace en su locura y los problemas que crea, y está la Historia de las intervenciones de Dios, de Dios actuando a través de Israel, haciendo cosas a las naciones que se les oponían y, finalmente, cuando vino el cumplimiento del tiempo, enviando a ésta persona bendita, “Jesucristo Nuestro Salvador” a quien Pablo hace referencia, y a quien dice que mire Timoteo. Le envía a este mundo. Este es Dios. ¡Ésta es la Historia de Dios!” [10]

Volviendo a la pregunta que titula nuestra reflexión de hoy y que involucra cual ha de ser nuestra actitud frente a la muerte del impío- cualquiera que sea su nivel de maldad, ya que ésta, está regulada por la Gracia común de Dios – debiéramos tener la respuesta. Hemos de deleitarnos en lo que Dios se deleita y El, nuestro Señor, no se complace en la muerte del impío.

Ahora bien, la causa mayor que me “obligó” a hacer esta reflexión, es que algunos “creyentes” hicieron algarabía, llenos de alborozo -como lo dije al comienzo- y me temo que fortaleciendo su argumento con que “Dios es el que da y quita la vida” lo cual de por sí es cierto, pero descontextualizado y fuera una sabia “Analogía de la Fe” ha llevado a muchos a alegrarse, no solo de la muerte del Mono Jojoy sino de todos aquellos (que en las lista de tan “soberbios creyentes” –negativamente hablando- ) son malos, pecadores, peores, malvados. En otras palabras, estos alegres “creyentes” están celebrando que un alma se perdió mientras que en el cielo sólo hacen fiesta cuando una alma se salva.[11]


Os digo que así habrá más gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente, que por noventa y nueve justos que no necesitan de arrepentimiento Lucas 15.7.

¿Usted me entiende verdad? No estoy queriendo decir que en tal muerte (ni en ninguna otra) hay injusticia de Dios, más bien que la Iglesia debe evitar los errores que nos son revelados a la Luz de La Escritura y por el mismísimo Señor y Salvador:



En este mismo tiempo estaban allí algunos que le contaban acerca de los galileos cuya sangre Pilato había mezclado con los sacrificios de ellos. Respondiendo Jesús, les dijo: ¿Pensáis que estos galileos, porque padecieron tales cosas, eran más pecadores que todos los galileos? Os digo: No; antes si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente. O aquellos dieciocho sobre los cuales cayó la torre en Siloé, y los mató, ¿pensáis que eran más culpables que todos los hombres que habitan en Jerusalén? Os digo: No; antes si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente. Lucas 13.1-5.

Quienes eran y que hacían esos Galileos es pura teoría, así como por qué y cómo dio la orden el “sanguinario Pilatos” [12]. El énfasis no estaba en ello en este pasaje, sino más bien, en la intrigante insinuación de los de Jerusalén que lo que había acontecido era una evidencia del enojo de Dios contra los Galileos asesinados. El punto es este: Ellos creían que los Galileos eran muy perversos para que les hubiera sucedido este hecho atroz, de otra forma Dios no lo hubiera permitido.

Querido (a) Lector (a) pensar así es asumir la posición de los amigos de Job que creían que había buenos y malos y que a los malos les iba mal. Primero porque solo hay (eso me incluye) malos y justo sería que muriéramos de muertes mil veces peor que la del Mono Jojoy o estos Galileos. Y en segundo lugar porque el orgullo camuflado de religión nos está diciendo que esos eran peores o nosotros mejores que ellos. Oigamos la respuesta de Jesús: 

Respondiendo Jesús, les dijo: ¿Pensáis que estos galileos, porque padecieron tales cosas, eran más pecadores que todos los galileos?

¿Piensa Usted que es mejor que el mono Jojoy o los Galileos? Olvida entonces que es la Gracia de Dios que impide a nuestro pecado ir más allá del límite que DIOS LE HA IMPUESTO. En los incrédulos Gracia Común. En los creyentes Gracia Especial, como sea, Gracia de Dios. Dijo el Salmista, no que su bondad sino la Bondad de Dios le limitaba su natural proclividad a pecar:

Sustenta mis pasos en tus caminos,
Para que mis pies no resbalen. Salmo 17.5

Quien hace mis pies como de ciervas,
Y me hace estar firme sobre mis alturas; Salmo 18.33

 Me diste asimismo el escudo de tu salvación;
Tu diestra me sustentó,
Y tu benignidad me ha engrandecido. 
Ensanchaste mis pasos debajo de mí,
Y mis pies no han resbalado. Salmo 18.35-36

A veces pensamos que somos menos culpables que otros delante de Dios. La “religiosidad” hace presa del entendimiento de algunos y olvidan de donde los sacó el Señor.

Os digo: No; antes si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente. O aquellos dieciocho sobre los cuales cayó la torre en Siloé, y los mató, ¿pensáis que eran más culpables que todos los hombres que habitan en Jerusalén? Os digo: No; antes si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente. Lucas 13.3-5.

Creerse menos pecador es rebajar y menospreciar el sacrificio de Cristo, es creer que de alguna manera colaboró con Cristo para salvarse, es diluir el Evangelio y baratear el Amor Eterno de Dios quien, siendo lo que éramos “sus malvados enemigos”, nos reconcilió con El en Cristo.

Nota Usted todo el pecado que puede entrañar una celebración, un alborozo aparentemente Bíblico. Alegrarnos de la muerte del impío es contrario a la naturaleza de Dios y por tanto es pecado.


Si, es verdad que los impíos morirán e irán al infierno, pero Ay de nosotros si no les predicamos. Que la sal sale. Que la luz alumbre. Que el Evangelio de Cristo sea proclamado en las azoteas. Ellos, los que lo rechacen morirán, pero nosotros lloremos su insensatez. Sabe Dios lo que cuesta alumbrar un creyente:

Hijitos míos, por quienes vuelvo a sufrir dolores de parto, hasta que Cristo sea formado en vosotros Gálatas 4.19

¿Cree Usted después de semejante afirmación de Pablo que es como para que nos deleitemos en la pérdida de un alma? El Mono Jojoy perdió su oportunidad, nosotros lo lamentamos por él ahora, él lo lamentará eternamente. Por eso dice la Escritura:

Aún hay esperanza para todo aquel que está entre los vivos;
porque mejor es perro vivo que león muerto. Eclesiastés 9.4.

Si, los impíos perecerán e irán al infierno, los creyentes no, pero no porque fuéramos mejores, sino porque ellos no creyeron, desecharon al Dios de su Salvación. No olvidemos que Dios dijo a Ezequiel que predicara a los pecadores para que se arrepintieran. De no hacerlo, ellos, los pecadores no arrepentidos morirán en su incredulidad y se perderían eternamente, pero la sangre de ellos seria sobre Ezequiel.

Si, los impíos irán al infierno, pero permítame ilustrarle cual ha de ser nuestra actitud:

"Si los pecadores serán condenados, al menos que salten al infierno por sobre nuestros cuerpos. Y si perecen, que perezcan con nuestros brazos en torno a sus rodillas, implorando por que se queden. Si el infierno ha de ser llenado, al menos que lo sea con nuestras exhortaciones y que nadie vaya allí sin haber sido avisado y sin que nadie haya orado por esa persona."  Charles Spurgeon.

Notemos que tal reflexión no da espacio para celebraciones por la muerte del impío.

Manuel Cendales S.
palabraprofetica@hotmail.com


[1]1 Deuteronomio 24.16/2ª Crónicas 25.4/ Ezequiel 33.8
[2] 2ª Pedro 3.9
[3] Éxodo caps. 5-11
[4] Lucas 23.34
[5] Marcos 15.39
[6] Romanos 3.9-20
[7] Romanos 3.23
[8] Juan 3.18
[9] Apocalipsis 2.11/Apocalipsis 20.6
[10] No Me Avergüenzo. Página 77. Editorial Peregrino.
[11] Lucas 15.32
[12] Léase el Comentario de William Hendriksen a este pasaje. Pág. 661Libros Desafio