MERCADERES EN EL TEMPLO

Pastor Manuel Cendales S.
 MERCADERES EN EL TEMPLO 
( Revista Palabra Profética. Vigésima Primera Edición. Año 2004)


“Pues, ¿busco ahora el favor de los hombres, o el de Dios? ¿O trato de agradar a los hombres? Pues si todavía agradara a los hombres, no sería siervo de Cristo.”
                            Gálatas 1:10
 
Sí, tal como usted lo lee está aconteciendo. Ante la impavidez y respuesta negativa a la invitación de venir a Cristo arrepentido, la generación incrédula[1] que nos correspondió evangelizar, está siendo atraída a la “iglesia” mediante diversos métodos y maneras, tanto, que se ha llegado a pensar que amontonarse[2] es sinónimo de conversión del alma. 

Palabras como: pecado, negarse a sí mismo, arrepentimiento, infierno, han ido desapareciendo del sermón, pues el atraído público podría ser espantado del templo con consecuencias funestas para el buen nombre de la denominación y sus arcas económicas por supuesto; y qué decir del renombre del predicador. 
                                          

La amonestación, exhortación y disciplina tan necesarias para mantener sano el rebaño ¡ni las nombre!, exclúyalas del vocabulario de sus conferencias, pues corre el riesgo de que “no le vuelvan a invitar”. El cumplir con el ministerio cabal y bíblicamente pasó de moda, es cosa de viejos ortodoxos anticuados; lo importante ahora es que el “cliente” (la Asamblea de asistentes) se sienta bien, y cliente satisfecho traerá más clientes.

El mover ministerial se ha emparentado con las doctrinas modernas del “mercado”, los diáconos, ancianos y en general líderes de la iglesia, ya no salen en calidad de evangelistas, sino de mercaderistas y encuestadores.

Las preguntas claves -por no decir todas de este estilo de ganar prosélitos[3]-van dirigidas a informarse de las necesidades de la gente para que la “iglesia” en todo lo que ofrece pueda satisfacerlas, pues según estos, el “evangelio” que presentan solucionará todos sus problemas.

En pocas palabras, un método moderno de “ventas” con un evangelio al gusto del consumidor. Si ponemos en “oferta” lo que ellos (los clientes) demandan, la “iglesia” crecerá, permanecerá, y cliente contento, oferente (ministro) prosperado.

Sin tener nada en contra del crecimiento y prosperar bíblico de las comunidades que perseveran en la sana doctrina que tanto recomienda Pablo a Timoteo[4], no es de sorprender que tanto movimiento cristiano y seudocristiano bajo la metodología mencionada, crezca descomunalmente en un abrir y cerrar de ojos “milagrosamente”.

Tristemente, debemos reconocer que es un mal endémico ya en muchas misiones que producen cada día más “mercaderes del evangelio” que en sus sermones buscan agradar cada día más y más a los hombres.

Permítame amado lector citar al erudito hermano John F. MacArthur, quien hace una denuncia tremenda:

“De hecho, el movimiento de la iglesia al gusto del consumidor se ha expandido tanto, que muchas publicaciones seculares, han empezado a notar la tendencia. Un artículo en el periódico Los Angeles Times, describía el crecimiento explosivo en una iglesia gigante, basándose en una encuesta puerta a puerta para un “estudio de mercadeo” que se realizó antes que siquiera la iglesia se formara. El título era: “La encuesta de opinión que genera una iglesia” y es bastante acertado, la historia contaba como el pastor “ajustó el programa de la iglesia a las necesidades y sugerencias que la gente mencionó en su encuesta puerta a puerta” (Russell Chandler Dic. 11/89).

Por supuesto, el artículo decía que sus mensajes eran breves, amortiguados, positivos y sobre temas actuales, con títulos como “cambio recientes en el sueño norteamericano”. Sus pequeños sermones salpimentados con citas de revistas y noticias de finanzas[5]

Tremendo, ¿verdad? Tomando nuestra cita en referencia, un evangelio que busque agradar a los hombres, no es un verdadero evangelio. Ni el conferencista en turno, ni su concurrida audiencia porque la estén pasando alegremente saldrán de su triste condición espiritual hasta no conocer la verdad única que hace liberto al cautivo; lejos están estos de profesar la fe verdadera, pues en palabras de Dave Hunt:

“La fe verdadera demanda que creamos todo lo que Dios ha dicho de sí mismo, pero también que creamos todo lo que ha dicho acerca de nosotros, hasta que no creamos que somos tan malos como Dios dice que somos, nunca podremos creer que él hará por nosotros lo que dice que hará. Aquí es donde se hunde la religión popular[6]”.

Por supuesto, Hunt llama religión popular al seudoevangelio que presentan estos alabadores hombres; pues buscando el favor de estos, han naufragado en la fe[7] y han hecho naufragar a muchos y están a punto de perder el favor de Dios si es que ya no lo perdieron o jamás lo han tenido.

Desde estas páginas editoriales, así como a través de nuestro programa radial, hemos insistido y persistiremos cuanto sea necesario, en advertir que el evangelio de Jesucristo es fundamental y absolutamente teocéntrico: Dios, El Principio, El Proveedor y El Fin de todas las cosas. Tanto la Iglesia (los que creyeron) del Antiguo Testamento, como la primitiva (Pentecostés), sus apóstoles y profetas, así lo recibieron, aceptaron y enseñaron. El propósito del pueblo escogido de Dios tiene un objetivo primordial: ¡glorificar en todo al bendito Señor![8].


Este propósito indiscutiblemente, dio un norte claro a toda su labor ministerial; por no tener como centro de toda la creación y su devenir al hombre (Antropocentrismo) y sus necesidades, fueron capaces de llevar a cabo bajo la gracia, la tarea de evangelizar al mundo[9] conocido de entonces y lo que es maravilloso, levantar líderes incondicionales al servicio de la obra evangélica, sin otro objetivo que honrar a Cristo al punto de dar su vida por ello si fuese necesario; su método fue sencillo: proclamar a Cristo resucitado[10], su mensaje simple y llanamente Cristo crucificado[11], su invitación “venir al arrepentimiento”[12], su alabanza exaltar a Cristo con su corazón (acciones internas) y labios (testimonio de vida santa)[13], no una simple y llana oración de fe, cual fórmula mágica salvífica.

¿Busca usted como consiervo el favor de los hombres? Recuerde, su socorro viene de Jehová[14], él está a favor de quienes no falsifican el evangelio[15].

Si usted pretende agradar a los hombres, vale la pena que revise su método, pues no hay sino uno; tal vez no sea masiva la afluencia a su púlpito, y quizás predicando con la Espada del Espíritu hiera la susceptibilidad y pecaminosidad de muchos de los oyentes, y ofendidos no vuelvan[16], pero estoy seguro, otros regresarán, los que por gracia fueron escogidos para salvación y vida eterna, quienes vendrán al arrepentimiento y por la fe salvarán sus almas.

Será un buen siervo de Cristo si enseña la sana doctrina con buen testimonio de Dios[17]; de lo contrario, será un triste mercader de ilusiones, de vendas mágicas[18] y en el día del juicio será expulsado del templo de Dios, como lo hizo Jesús en ira santa del templo en Jerusalén[19].


¡Ah! Y no olvide predicar este mensaje a otros consiervos diciéndoles: ¡cuidado, hay “mercaderes en el templo”!

Pr Manuel Cendales S.
palabraprofetica@hotmail.com


1 Marcos 9:19 
2 2 Timoteo 4:3-4
3 Mateo 23:15 
4 1 Timoteo 4:16
5 Avergonzados del evangelio John F. MacArthur Ed. Portavoz 
6 Más allá de la seducción; Dave Hunt Ed. Portavoz 
7 1 Timoteo 1:18-20 
8 Efesios 1:6,12
9 Leer viajes misioneros Hechos 
10 1 Corintios 15 
11 1 Corintios 2:1-6 
12 Mateo 3:2;4:17 
13 Romanos 10:8-10 
14 Salmo 121:1-2 
15 2 Corintios 2:17 
16 Juan 6:60,66 
17 1 Timoteo 4:6 
18 Ezequiel 13:18
19 Marcos 11:15-19